Adam Smith y su deuda con los teólogos de Salamanca: rastros de una herencia silente
Introducción: ¿Por qué importa la filiación intelectual?
Hablar de Adam Smith y de la Escuela de Salamanca en la misma frase puede sorprender a quienes asocian al primero con la Ilustración escocesa y a los segundos con teología y derecho en la España del Siglo de Oro. Sin embargo, el diálogo intelectual no respeta fronteras geográficas ni disciplinas. La reflexión salmantina sobre el precio justo, la naturaleza del dinero, la ética de los mercados y el derecho de gentes articula un cuerpo de ideas que resulta, a la luz de la historia intelectual, una pieza relevante para entender cómo se fueron configurando ciertos presupuestos que llegan hasta la economía política clásica.
Esta pieza pretende ofrecer una lectura equilibrada y documentada de lo que podríamos llamar la «deuda» intelectual de Adam Smith con la tradición salmantina. No se propone forzar una influencia directa y simple, como si Smith hubiera leído compulsivamente a Vitoria o a Azpilicueta. Tampoco pretende negar que la Ilustración británica tuvo fuentes propias. El objetivo es mostrar afinidades conceptuales, vías indirectas de transmisión y coincidencias en respuestas a problemas semejantes: la formación de los precios, el papel de la moneda, la relación entre ética y mercado y el fundamento del derecho internacional.
Para una audiencia universitaria y culta resulta más útil pensar en términos de genealogía intelectual compleja. Las ideas viajan, se recombinan y se transforman. Al poner en relación las obras clave de la Escuela de Salamanca con los textos de Smith, veremos tanto convergencias como distancias. Esta comparación nos permite también rescatar del olvido a pensadores que contribuyeron a pensar cuestiones que hoy nos parecen centrales: desigualdad, legitimidad del intercambio, regulación y límites morales de la economía.
Contexto histórico e intelectual de la Escuela de Salamanca
La Escuela de Salamanca no es una escuela en el sentido institucional estricto, sino un conjunto de autores vinculados a la Universidad de Salamanca entre finales del siglo XV y el XVII. Entre ellos destacaron figuras como Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Martín de Azpilcueta, Luis de Molina, Tomás de Mercado y Juan de Mariana. Su horizonte combinaba la teología tomista, el derecho natural y un interés vivo por los problemas prácticos de una economía cada vez más integrada al comercio atlántico.
Los salmantinos respondieron a problemas concretos: la gestión de la moneda en un imperio global, la circulación de metales preciosos, la regulación del crédito, el trato a los pueblos indígenas, la legitimidad de la guerra y el comercio y la relación entre moral y mercado. Su método alternaba la escolástica tradicional con una atención empírica a los hechos. Esto les permitió desarrollar argumentos sobre el precio justo, la naturaleza del valor y la función de la ley que, más allá de su lenguaje teológico, contienen aportaciones de interés económico.
Un rasgo definitorio fue su esfuerzo por conciliar la consideración moral con las regularidades del intercambio. En lugar de rechazar el comercio por motivos éticos, trataron de delimitar cuándo un intercambio era genuinamente justo y cuándo podía entrañar explotación. Esta tensión entre moralidad y mercado será un hilo conductor para entender la eventual afinidad con Smith, que también ponderó la ética, sobre todo en su Teoría de los sentimientos morales.
Conceptos salmantinos relevantes para la economía: precio justo, valor y moneda
El tratamiento del precio justo por los autores salmantinos es uno de los puntos más citados por los historiadores que estudian la contribución económica de la escuela. Para Francisco de Vitoria y Domingo de Soto, el precio no es un dato puramente natural, sino un resultado del intercambio. Cuando dos partes libres y bien informadas conciertan un precio, se asume que este refleja una justicia del intercambio. Esta concepción se aleja de la idea de un precio natural fijo e introduce elementos de subjetividad y de información en el proceso de formación de precios.
Martín de Azpilcueta y Tomás de Mercado profundizaron en la relación entre moneda y precio. Azpilcueta, en sus análisis sobre la circulación de metales preciosos y la paridad cambiaria, anticipó intuiciones que posteriormente aparecerán en discusiones modernas sobre la oferta monetaria y los precios. Tomás de Mercado, en sus reflexiones sobre comercio y precios, ofreció un análisis de las fuerzas que ajustan los mercados internacionales, incluyendo la observación sobre cómo la abundancia de metales preciosos puede favorecer la inflación en los precios internos de bienes.
La noción de valor en la escuela salmantina fue tratada de manera plural. Algunos autores distinguieron entre valor de uso y valor de cambio, mientras otros enfatizaron la importancia de la utilidad marginal y de la escasez en la valoración de los bienes. Aunque no articulan la teoría marginalista en términos matemáticos, aparecen intuiciones sobre la valoración subjetiva y la ventaja comparada para el intercambio. Estos elementos son cruciales para trazar puentes con algunas de las intuiciones de Smith sobre el valor y la formación de precios.
De Salamanca a Escocia: vías de transmisión y matices
No hay evidencia concluyente de que Adam Smith leyera directamente a los salmantinos. Sin embargo, la transmisión de ideas no siempre es lineal ni explícita. Varios canales plausibles conectan el mundo ibérico con el atlántico y con las universidades europeas: traducciones, manuales de derecho natural, debates sobre moneda y comercio en las facultades de derecho y teología, y la circulación de mercaderes y tratados mercantiles que amalgamaban prácticas y teorías.
Además, la tradición del derecho natural y la escolástica tardía influyeron en pensadores continentales que sí fueron leídos por los británicos. Las obras sobre natural law y derecho de gentes, difundidas por editoriales europeas, crearon un sustrato intelectual común. En ese sentido, la influencia salmantina pudo llegar a Smith de forma indirecta, mediada por textos y debates europeos sobre justicia, comercio y derecho internacional que circulaban en su época.
También es relevante considerar el intercambio práctico. Los debates sobre precios, moneda y comercio se alimentaban de correspondencia mercantil y de informes sobre la experiencia colonial. Los salmantinos escribieron a menudo respondiendo a problemas concretos de administración y comercio. Es plausible que estas respuestas contribuyeran a un acervo de ideas disponible en Europa, que Smith y sus contemporáneos filtraron y reelaboraron según su propia sensibilidad empírica e intelectual.
Paralelismos conceptuales entre Smith y los salmantinos
En varios puntos clave encontramos paralelismos que invitan a considerar una suerte de parentesco intelectual. Primero, la primacía de la libertad del intercambio si las condiciones son de justicia. Los salmantinos defendían que un contrato libre entre partes informadas produce un precio justo. Smith, por su parte, sostuvo que el mercado, cuando funciona con información y competencia, tiende a asignar recursos de manera eficiente. Ambos reconocen que la libertad contractual es condición para un intercambio legítimo.
Segundo, la consideración ética del mercado. Aunque Smith es con frecuencia leído como defensor de una economía amoral regida por la mano invisible, su Teoría de los sentimientos morales muestra que la conducta económica es inseparable de consideraciones morales y de simpatía social. Los salmantinos, desde la teología moral, insistieron también en que la economía debe subordinarse al bien común. Las convergencias aquí no son coincidencias triviales; ambas tradiciones hacen depender la legitimidad del mercado de normas morales compartidas por la comunidad.
Tercero, la atención a la moneda y a los precios internacionales. Las observaciones de Azpilcueta y Mercado sobre los efectos de la llegada de metales preciosos y la dinámica de cambios anticipan discusiones que Smith retomará desde otra perspectiva. Smith analiza el papel de la moneda, los efectos de la industria en la riqueza de las naciones y la distribución del ingreso. Aunque sus herramientas analíticas y su vocabulario difieren, algunos problemas concretos son los mismos.
Diferencias y límites de la deuda intelectual
No debemos caer en la tentación de homologar completamente a Smith con los salmantinos. Existen diferencias metodológicas y teleológicas notables. La Escuela de Salamanca parte de premisas teológicas y de un proyecto moral ligado a la ley natural. Sus conclusiones se articulan mediante razonamientos escolásticos y casos prácticos. Smith, en cambio, articula su obra desde una posición secularizada y empírica, con un interés marcado en los efectos agregados de la división del trabajo y las instituciones.
Otra diferencia es la manera de concebir el rol del Estado. Los salmantinos aceptaban un papel activo del derecho y de la autoridad para garantizar la justicia en los intercambios y para corregir abusos. Smith defiende la intervención estatal en ciertas áreas esenciales, pero advierte sobre los peligros del proteccionismo y del intervencionismo que frene la competencia. Las divergencias surgen tanto de prioridades como de contextos históricos distintos.
Por último, la elaboración teórica difiere: Smith despliega un análisis más sistemático de la producción, del mercado laboral y de la especialización productiva. Los salmantinos, si bien hicieron aportaciones relevantes, no desarrollaron una teoría general de la economía en el sentido smithiano. Su interés fue más puntual y orientado a la regulación moral y jurídica del intercambio.
Proyección contemporánea: regulación, ética y mercados
Mirar la relación entre Smith y la Escuela de Salamanca no es un ejercicio meramente historiográfico. Tiene implicaciones para debates actuales sobre regulación, justicia distributiva y el papel de la ética en la economía. La tensión entre libertad de mercado y regulación moral, que recorrió ambos cuerpos doctrinales, sigue viva en las discusiones sobre mercados financieros, su regulación y la legitimidad de ciertas prácticas comerciales.
Los salmantinos ofrecen un recordatorio útil: los mercados no existen en el vacío moral. El derecho y las instituciones están llamadas a corregir asimetrías y abusos. Smith, por su parte, muestra cómo las instituciones y la división del trabajo pueden producir prosperidad material. La síntesis de ambas perspectivas sugiere que la eficiencia económica y la justicia social son preocupaciones complementarias, no opuestas.
En el siglo XXI, cuando discutimos políticas monetarias, regulación financiera o límites al poder de mercado, conviene rescatar esa doble lección. Una política económica sabia debe reconocer las virtudes del mercado y, al mismo tiempo, estar atenta a las fallas, los sesgos y las inequidades. En este sentido, la herencia salmantina y la reflexión smithiana pueden ser mutuamente iluminadoras para orientar marcos regulatorios más humanos y efectivos.
Conclusión: herencia compartida y distancias prudentes
La hipótesis de una deuda directa de Adam Smith con los teólogos de Salamanca debe manejarse con prudencia. No existe una prueba documental que permita afirmar una filiación simple y directa. Sin embargo, el análisis comparado muestra afinidades conceptuales importantes. Las intuiciones salmantinas sobre el precio justo, la naturaleza del dinero y la relación entre moral y mercado anticipan cuestiones que Smith aborda desde otra matriz teórica.
Más allá de reclamar patentes de autoría, lo que importa es reconocer la complejidad del origen de las ideas económicas. Smith forma parte de una tradición europea más amplia en la que la escolástica tardía desempeñó un papel no desdeñable. Pensar la historia del pensamiento económico como una trama de influencias múltiples ayuda a enriquecer nuestra comprensión y a recuperar voces que todavía pueden iluminar los debates presentes.
En definitiva, admitir una deuda intelectual no es reducir a Smith a un epígono de Salamanca. Es reconocer que las preguntas sobre justicia, valor y dinero fueron formuladas por distintos actores y que, en el cruce de esas formulaciones, se encuentran recursos valiosos para pensar la economía de hoy. Recuperar ese legado permite articular una reflexión normativa sobre los mercados que combina eficacia con responsabilidad moral.
Lectura de interés:
- Trabajo de Fin de Grado: Grado en Economía, Escuela de Salamanca y Adam Smith: Economía y racionalidad Presentado por: Diego Toribio Rodríguez Tutelado por: Juan Carlos Rodríguez Caballero
Referencias
- Smith, A. (1759). The Theory of Moral Sentiments. Londres: A. Millar.
- Smith, A. (1776). An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations. Londres: W. Strahan and T. Cadell.
- Vitoria, F. de. (1532). Relectio de Indis. Salamanca: clases y relecturas publicadas en ediciones posteriores.
- Soto, D. de. (1556). De iustitia et iure. Salamanca: escritos teológicos y jurídicos recopilados.
- Azpilcueta, M. (siglo XVI). Escritos sobre moneda y moral. Navarra: recopilaciones históricas.
- Mercado, T. (1571). Tratos y contratos. Sevilla: tratado sobre comercio y precios.
- Molina, L. de. (1588). Concordia liberi arbitrii cum gratiae donis. Lisboa: trabajo teológico sobre libre albedrío y gracia, con repercusiones éticas.
- Noonan, J. T. Jr. (1957). The Scholastic Analysis of Usury. Cambridge: Harvard University Press.
- Hanke, L. (1949). The Spanish Struggle for Justice in the Conquest of America. Philadelphia: University of Pennsylvania Press.
- Pagden, A. (1982). The Fall of Natural Man: The American Indian and the Origins of Comparative Ethnology. Cambridge: Cambridge University Press.
- Elliott, J. H. (2006). Empires of the Atlantic World: Britain and Spain in America 1492-1830. New Haven: Yale University Press.
